Si hablo hoy en día de un "Gran Hermano" probablemente la mayoría de mentes adormecidas viajarían a un programa de televisión cuyo fin es mantener al pueblo atento a un entretenimiento teledirigido.
¿Para qué ver más allá? Dolería ponerse a pensar en la vigilancia despiadada de este "Superestado". No es tan simple como sólo hablar de un programa de televisión, sino de la vida cotidiana, del día a día, que las personas van desempeñando conducidas por una serie de pautas sin supuestamente ser conscientes de ello.
Para ser clara, hablo, por ejemplo, del alma de la política con ideologías absurdas, la estafa de vender la religión como un cuento de "Harry Potter" y hacer dinero de ella, grandes poderes, como el petróleo y empresas de dimensiones inimaginables de marketing que guían a un pueblo que prefiere caminar en la ignoracia, un pueblo drogado y sin ideas propias.
Al fin y al cabo ¿qué estado querría un país revolucionado exigiendo lo que realmente nos mereceríamos...? Nuestros derechos humanos se han visto obsoletos por una vigilancia despiadada. Dicho "Superestado" ha llegado a apoderarse de la vida y la conciencia de sus "súbditos", interviniendo incluso y sobre todo en las esferas más íntimas de los sentimientos terrenales. Todo está controlado por la sombría y omnipresente figura del "Gran Hermano, el jefe que todo lo ve, todo lo escucha y todo lo dispone" como ya vaticinaba George Orwell en su obra maestra "1984", gran novela de 1949.