viernes, 13 de enero de 2017

Un porvenir que no despierta...

A penas puedo percibir emociones en la mayoría de personas que me rodean y esto me lleva a hacerme una reflexión cada mañana "¡cómo está el patio!".

Entre las actividades diarias, las conversaciones con amigos, familia y conocidos mi mente va analizando la situación actual de la sociedad, del mundo y de las futuras generaciones. Sintiendo un escalofrío que recorre todo mi cuerpo, echo la vista al frente y observo una falta de empatía natural en personas tan aferradas a las prisas y a las banalidades que no puedo más que estremecerme e intentar sacar mis pensamientos y percepciones a la luz.

No hace tanto tiempo, sin ir más lejos, la generación de mis padres y abuelos, que sufriendo la resaca del franquismo y la propia guerra en primera persona respectivamente, han entregado absolutamente todo lo que ellos no pudieron tener. Sus generaciones venideras les han pagado con desprecio e ignorancia, con faltas de respeto y con un interés nulo por saber de donde viene nuestra historia y la muerte que el rastro de ella ha dejado. Indignante resulta ver como los novicios se hacen eco hoy en día de unos derechos humanos que ni ellos acatan. 

Cada día quejas insulsas y egoístas retumban en mi cabeza... y un refrán asoma en mis pensamientos "La juventud es el único defecto que se cura con la edad".

Sin fin 


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